¿QUÉ HACE UN COACH ONTOLÓGICO?

Entre otros principios, la Ontología del Lenguaje postula que el lenguaje es activo y generativo. Aplicado al coaching, esto facilita el camino hacia un nuevo aprendizaje, permitiendo detectar obstáculos y límites en el desempeño.

En este proceso, el coach ontológico guía, apoya y colabora con el cliente para conectarse con lo mejor de sí mismo, y así alcanzar sus objetivos y ejercer los cambios que necesita. Para ello, explora junto al él las limitaciones que interfieren en la concreción de los resultados propuestos, que habían sido inadvertidos hasta ese momento, con el objetivo de disolverlos y trascenderlos.

Su dominio en el arte de hacer preguntas, sabiendo indagar y escuchar, le permite obtener información precisa y de alta calidad, conectar el lenguaje con la experiencia, desarmar el “diálogo interno” (conversaciones privadas), identificar limitaciones, recuperar recursos y encontrar opciones. Las distinciones de la Ontología del Lenguaje permiten al coach ontológico hacer las preguntas indicadas que desconcierten al cliente y reencuadren la dificultad expresada por él, preguntas que le permitan recuperar datos del contexto. La pregunta es el elemento fundamental de este proceso ya que, a partir de ella, el coach consigue que el cliente reestructure su visión de la realidad, profundizando en su persona y descubriendo valores que antes no habían sido percibidos.

El coach ontológico no tiene un rumbo prefijado, sino que lo va descubriendo en la exploración conjunta con el cliente. No es mejor coach el que tiene una visión previa acerca del camino a recorrer sino el que tiene las competencias para explorar, indagar, un terreno incierto, sólo sabiendo que debe ir desde el estado actual conocido (lo que siempre se ha hecho), hacia el estado deseado, capaz de ofrecer alternativas y opciones.

En definitiva, el coach ontológico colabora en que las personas sean un observador distinto, orientándolas hacia un nuevo modo de actuar, lo que determinará una nueva modalidad de ser y de enfrentarse con el mundo. Es precisamente ese cambio en la postura del observador lo que permitirá que aun la acción más pequeña, por el hecho de ser diferente de cuanto se hizo hasta el momento, provoque resultados inéditos.

Entre otros resultados, su intervención permite al coachado / cliente: