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NOTA DE PRENSA

COACHING: EL DEPORTE DEL CAMBIO

“Seamos el cambio que queremos ver en el mundo”. Gandhi



Artículo firmado por Lidia Muradep publicado en el número de mayo de 2003 de la Revista Uno Mismo.

El individuo o la empresa que busca coaching viene precedido por una cadena de resultados insatisfactorios, sin poder detectar dónde se halla el error para no repetirlo. Se reconoce que algo no funciona en el nivel de efectividad que podría tener, pero, al estar tan adentro de la situación, se es incapaz de advertir qué es lo que ocurre. La emociones predominantes son la insatisfacción, desesperanza. Se siente que, por más que se intente hacer algo distinto, siempre se cae en el mismo círculo que obliga a repetir conductas indeseadas y alejarse de los resultados que podrían obtenerse. El coaching apunta a cambiar esas conductas y a ejercer una transformación radical en la vida del individuo y de la empresa.

El coaching es
una modalidad
de transformación
y aprendizaje
aplicada con éxito tanto en la vida personal como en el ámbito de las organizacione.
   

El Coaching proviene del ámbito de los deportes, en el cual el coach o entrenador es contratado para trabajar con el deportista o equipo a fin de contribuir a que alcancen su máximo rendimiento.

Cuando un atleta o un equipo exhiben desempeños bajos o mediocres, ordinarios, un coach puede hacerse cargo del equipo y comenzar a lograr un impacto en el desempeño que muchas veces puede parecer milagroso.

¿Qué hizo ese coach? ¿Cómo es posible que un equipo mediocre, a partir la intervención de una persona, comience a exhibir resultados extraordinarios?  Esto ocurre habitualmente en el ámbito  deportivo.

Podemos dar como ejemplo el caso del famoso basquetbolista Michael Jordan, uno de los más destacados jugadores de la historia de ese deporte. Jordan sabía que el nivel de excelencia que había alcanzado en su juego estaba íntimamente relacionado con el rol desempeñado por su coach Phil Jackson. Muchas veces, Jordan fue convocado por otros equipos que le ofrecían sumas de dinero muy superiores y siempre su respuesta fue la misma: “Yo no me voy de los Chicago Bulls, Phil Jackson hace de mí lo que yo no puedo hacer.”  Muchos años después, cuando Jordan ya había dejado de jugar, Jackson se hizo cargo del entrenamiento de Los Lakers, un equipo mediocre de Los Angeles. Para sorpresa de todos, ese equipo, que hacía años que estaba rezagado, comenzó a ganar de manera sorprendente.

Muchas empresas, impactadas por los resultados extraordinarios obtenidos por los coaches deportivos, quisieron llevar a estos grandes entrenadores a sus organizaciones para que elevaran el desempeño de su equipos de trabajo. Pero cada vez que se intentaba hacer dentro de las organizaciones lo que tan bien funcionaba en los equipos deportivos, se comprobaba que el efecto no era el mismo, ya que en el mundo de las organizaciones hacían falta competencias diferentes de las que se necesitaban en el ámbito deportivo. El coaching empresarial va mucho más lejos que un triunfo deportivo, o de los vaivenes del ganar y del perder.

Coaching Ontológico

A partir de la aplicación al Coaching del marco teórico provisto por la Ontología del Lenguaje, que nos da una nueva interpretación de lo que significa ser humano, nace el Coaching Ontológico,  modelo de transformación y aprendizaje aplicado con éxito tanto en la vida personal como en el ámbito de las organizaciones.
Este modelo nos permite comprender en profundidad cómo actuamos, nuestros logros y fracasos, nuestras dificultades, nuestras interrelaciones, en pocas palabras, comprender mejor nuestra existencia como seres humanos. Entiende que las acciones que cada persona es capaz o no de realizar determinan los resultados que obtiene. ¿Qué hace que actuemos de una forma u otra? Decimos que el tipo de observador que somos determina nuestras acciones y, por lo tanto, nuestros aciertos y desaciertos.

Un coach formado en esta disciplina ayuda a la persona a convertirse en un observador distinto, orientándolo hacia un nuevo modo de actuar, lo que determinará una nueva modalidad de ser y de enfrentarse con el mundo. Es precisamente ese cambio en la postura del observador lo que permitirá que aún la acción más pequeña, por el hecho de ser diferente de cuanto se hizo hasta el momento, provoque resultados inéditos.
Coaching y Lenguaje

Autor del libro “Ontología del Lenguaje”, Rafael Echeverría dice: “La Ontología del Lenguaje representa la convergencia de dos líneas autónomas de indagación que se llevan a cabo durante el siglo XX. Curiosamente, ambas se encuentran ya esbozadas, de manera germinal, en el pensamiento de Friederich Nietzsche, a fines del siglo XIX. La primera de estas líneas de indagación es aquella que busca replantearse la pregunta sobre el ser humano. Entre sus representantes más destacados figuran los filósofos continentales Martin Heidegger y Martin Buber. Para Heidegger, “ontología” es la respuesta que damos a la pregunta sobre aquel ser que se pregunta sobre el ser. No conocemos otro ser que se pregunte sobre el ser que no sea el ser humano. Según cómo contestemos a la pregunta ontológica, la pregunta sobre lo que significa ser humano, definiremos los parámetros básicos dentro de los cuales contestaremos cualquier otra pregunta que se nos ocurra.

La segunda línea de indagación surge de desarrollos que se registran en la filosofía analítica, muy diferente ésta de la filosofía continental. Su principal preocupación se dirige a replantearse el fenómeno del lenguaje. Entre sus representantes principales podríamos mencionar a Ludwig Wittgenstein y J.L. Austin, fundadores de la filosofía del lenguaje. A partir de sus contribuciones se logra reinterpretar el carácter del lenguaje. Mientras nuestra concepción tradicional concebía al lenguaje como algo fundamentalmente pasivo y descriptivo, los filósofos del lenguaje nos muestran que el lenguaje es también activo y generativo. Con el lenguaje no sólo describimos y transmitimos lo que observamos. Los seres humanos también actuamos a través del lenguaje y al hacerlo transformamos nuestras identidades y el mundo en el que vivimos, transformamos lo que es posible y construimos futuros diferentes.”


La función del coach es ayudar al coachado a convertirse en un observador diferente de sí mismo y de su entorno y a detectar los obstáculos y limitaciones que interfieren en la concreción de los resultados previstos.

Para lograrlo, el coach debe ser competente en el manejo de la siguientes áreas: la del observador y la del sistema. El primer determinante, el observador, está referido al hecho de que cada ser humano es un observador distinto, no sólo porque el mundo que cada uno observa tiene ciertas características, sino porque la forma de observarlo la aporta uno mismo. Uno observa de acuerdo con el observador que es.

El segundo determinante es el sistema. Yo funciono diferente en distintos contextos. Los seres humanos tendemos a no considerar el impacto del sistema al que pertenecemos. Observador y sistema son las áreas fundamentales en las cuales el coach tiene que desarrollar competencias y un coach que no se maneje con fluidez en ellas no podrá generar resultados adecuados.

Entre otros resultados, su intervención permite al coachado:

    Decidir qué tipo de vida quiere, salir al mundo y concretarla.
    Transformar conductas reactivas, tomando el futuro a su cargo.
    Diseñar conversaciones que abran nuevas oportunidades y concreten posibilidades.
    Estructurar discursos para la acción que produzcan resultados extraordinarios, que antes parecían imposibles de alcanzar.
    Establecer una relación diferente con la acción.
    Coordinar acciones para alcanzar impecabilidad en los resultados.
    Ir delante del problema y diseñar un futuro poderoso.
    Generar un modelo que logre trasformaciones profundas en las culturas organizacionales.
    Desarrollar una estrategia de liderazgo diferente.
    Promover contextos de confianza para lograr equipos de alto desempeño.

La propuesta de este modelo aplicado a las empresas consiste en que directivos y gerentes actúen como agentes de aprendizaje, guiando a personas y equipos a alcanzar resultados extraordinarios.

Las organizaciones encuentran en esta disciplina una poderosa herramienta para disolver los obstáculos que limitan la acción e impiden la concreción de proyectos, creando espacios expansivos, promoviendo la innovación y la creatividad hacia nuevas posibilidades de acción.

Coaching para un nuevo ser

El Coaching Ontológico es una modalidad de aprendizaje basada en un modelo de Observación, Acción y Resultado que entiende que las acciones que cada persona realiza y los resultados que obtiene dependen del tipo de observador que es. Siendo observadores diferentes, logramos ver nuevas oportunidades de acción, permitiendo una expansión de nuestras percepciones, nuestros modos de pensar y actuar.  Esto facilitará la apertura de nuevos mundos de posibilidades que aporten aprendizajes para el futuro. Esas posibilidades que generamos cambiando nuestro modo de observar el mundo son las que, en definitiva, definen nuestros logros, la calidad de nuestra vida y el tipo de personas que elegimos ser. Por lo tanto hay una relación directa entre nuestra forma de observar el mundo, las acciones que emprendemos y los resultados que obtenemos en la vida.

Tomemos como ejemplo la situación del país, lo que nos pasa como argentinos. Estamos en un mundo de cambios constantes. Las cosas que están pasando nos hacen enfrentar con nuevas situaciones para las que no tenemos recursos. Lo que antes nos servía, hoy ya no nos sirve más.  Perdimos la confianza y estamos enganchados en estados emocionales de rabia, tristeza y desesperanza.  Hacemos lo que podemos,  pero, nos damos cuenta de que los resultados de las acciones que emprendemos no nos satisfacen o son siempre los mismos.  Estamos esperando que los cambios vengan de afuera. Los argentinos no podemos ver posibilidades. ¿Por qué? Si yo tengo una conversación interna-privada en donde me digo: “No se puede, está todo igual, no hay trabajo, no hay posibilidades en la Argentina, hay que irse del país...”, ¿qué tipo de observador soy? Con esta conversación, ¿qué puedo ver de nuevo?

Si me instalo en la queja, que es el rol de la víctima, y espero que el cambio lo produzcan otros, probablemente no logre salir de un círculo vicioso, me quede sin recursos y siempre en el mismo lugar. No podemos esperar que nos ofrezcan una vida segura. Debemos decidir qué tipo de vida queremos llevar, salir al mundo y hacer que suceda. El mundo está de pie para el que quiera tomarlo. El mundo de hoy requiere personas flexibles, que estén dispuestas a desaprender y a aprender, a desestructurarse y a volver a estructurarse. Si seguimos mirando la situación como lo hacíamos antes, estamos perdidos. Hoy avanza el que puede mirar las situaciones de forma diferente. Los recursos están allí para quien quiera tomarlos. Sólo hay que estar preparado para verlos y ser capaces de captarlos.
Esto es lo que me toca vivir como argentina; esto es lo que está pasando ahora en mi país. El primer paso para salir de este estado es aceptar que éste es el contexto en el que me encuentro, que el cambio sólo es posible si yo cambio el observador que soy. Nosotros somos los que tenemos que ver oportunidades en este mundo de hoy.

Marilyn Ferguson dice: “El cambio es una puerta que tiene el picaporte únicamente del lado de adentro”. Cuando yo cambio abro mi modelo mental, transformo mi manera de mirar el mundo y, a partir de ahí, desarrollo nuevas acciones y obtengo resultados poderosos.

El coaching ontológico es un proceso de aprendizaje. Cuando consideramos que los resultados que obtenemos son insatisfactorios y pensamos que la situación puede modificarse, entramos en ese tipo de proceso.

Consideramos dos tipos de aprendizaje: El de Primer Orden y el de Segundo Orden.

Aprendizaje de Primer Orden: Incide directamente en nuestra capacidad de acción. Por ejemplo: Si los resultados que estamos obteniendo respecto de una situación no son los esperados, cambiamos nuestras acciones, buscamos alternativas y nuevas habilidades que nos permitan realizar acciones diferentes. Sin embargo, puede pasar que, a pesar de producir cambios en nuestras acciones, los resultados todavía no nos satisfagan. A veces, este tipo de aprendizaje puede resultar  “más de lo mismo”.

Aprendizaje de Segundo Orden:  Esta segunda opción se sustenta a partir del Modelo del Observador. Este aprendizaje busca primero modificar el tipo de observador que somos y recién, desde esta nueva postura, generar acciones totalmente diferentes para obtener resultados extraordinarios. Este aprendizaje es transformador ya que apunta directamente a la forma en la que configuramos problemas, posibilidades y soluciones.

El Observador tiene la Palabra

Desde el coaching ontológico,  el observador que somos como seres humanos nos remite a tres áreas primarias de observación: corporalidad, emocionalidad y lenguaje.  Una modificación producida en cualquiera de estos dominios provoca un cambio en los otros dos.

Lo que ocurre en el nivel de la corporalidad arrastra la emocionalidad y el lenguaje.  Lo que ocurre en nuestras emociones se expresa a través de nuestra postura corporal y del tipo de historias que nos contamos. Lo que nos decimos a nosotros mismos o a otros impacta también en nuestra corporalidad y en nuestra emocionalidad.

El coach interviene en las contradicciones que se manifiestan en estos dominios, ayudando al coachado a armar la estructura de coherencia que le permita ser la persona que quiere ser y todavía no es.

Para demostrar esto, los invito a hacer un pequeño ejercicio: pónganse de pie, con los hombros relajados, los brazos sueltos y la cabeza hacia abajo.  Registren qué tipo de pensamientos y qué emocionalidad aparecen. Tómense un tiempo para recapacitar. Ahora, cambien su postura corporal:  pongan la columna derecha, los hombros hacia atrás, la cabeza erguida y miren hacia arriba. Registren qué tipo de pensamientos y qué emocionalidad aparecen esta vez. Observen cómo el pensamiento, el lenguaje y las emociones cambian a partir de un cambio en la postura corporal.  De la  misma manera,  producimos cambios interviniendo en los dominios del lenguaje o de la emocionalidad.

Los Postulados Básicos de la Ontología del Lenguaje son:

1. Interpretamos a los seres humanos como seres lingüísticos. El lenguaje es, por sobre todo, lo que hace de los seres humanos el tipo particular de seres que somos,  seres lingüísticos, seres que vivimos en el lenguaje. El lenguaje es la clave para comprender los fenómenos humanos.
Si, de acuerdo a lo que acabamos de ver, la Ontología del Lenguaje reconoce en la existencia humana los tres dominios primarios de corporalidad, emocionalidad y lenguaje, ¿por qué, entonces, esta disciplina plantea en sus postulados la prioridad del lenguaje? Porque a través de él podemos reconocer la existencia de los otros dos dominios no verbales. Para referirnos a ellos usamos inevitablemente el lenguaje. La Ontología sabe, también, que como seres humanos necesitamos dar sentido a nuestras vidas y que hacemos eso a través del lenguaje: contando historias, cuentos y narrativas que dan sentido a lo que vemos, escuchamos y sentimos. 

    Interpretamos el lenguaje como generativo.  Este postulado cuestiona la concepción tradicional del lenguaje. Reconoce que el lenguaje no sólo nos permite hablar “sobre” las cosas, describir lo que vemos en el mundo exterior o en nuestro mundo interno, sino que el  lenguaje hace que las cosas sucedan. Por lo tanto, el lenguaje crea realidades: A partir de ciertas palabras nuestro mundo cambia. Pensemos: ¿Cuántos “sí”  hemos dicho en nuestra vida que han generado nuevas situaciones? ¿Cuántos “no” hemos dicho o dejado de decir que podrían haber cambiado el curso de nuestra existencia?

Nosotros somos el resultado de todo lo que dijimos y de todo lo que dejamos de decir.  Somos el resultado de la historia que nos contamos y que generamos. Esa historia determinó quiénes somos hoy y determinará quiénes seremos en el futuro.

    Interpretamos que los seres humanos se crean a sí mismos en el lenguaje y a través de él. El ser humano es un espacio de posibilidad hacia su propia creación. Y aquello que lo posibilita es precisamente la capacidad generativa del lenguaje. Los individuos tienen la capacidad de crearse a sí mismos a través del lenguaje. Esta interpretación nos permite ganar dominio sobre nuestras propias vidas al jugar un papel activo en el diseño del tipo de ser en el que quisiéramos convertirnos.



Quiero contarles una historia: Hace muchos años, cuando yo estudiaba Gestalt, hice un ejercicio en el que tenía que escribir una carta acerca de por qué me merecía un premio. Yo escribí  que me lo merecía por el gran sufrimiento que experimentaba en la vida. ¿Qué clase de vida creen que yo generaba en aquel entonces? Generaba sufrimiento. Ese sufrimiento no estaba en la vida misma sino en la forma en que yo interpretaba el mundo, en el tipo de observador que yo era.  Este hecho marcó en mí un antes y un después porque, a partir de allí, tomé la decisión de que no quería más esa vida para mí, contando mi historia sólo a través de situaciones de dolor. Me di cuenta de que había otros hechos en mi vida que no estaban vinculados con esa emoción. Entonces ¿qué me estaba pasando? Que sólo contaba una parte de mi historia: Los hechos referidos al dolor. Esto es algo que los seres humanos hacemos: Filtrar la información, tomar en cuenta sólo algunos aspectos de nuestra vida, los que coinciden con la historia que nos contamos.

Hay un momento en el que es necesario decir basta y dejar de contarnos esas historias que ya no tienen vigencia en nuestra vida de hoy. Necesitamos comenzar a contarnos otras historias, historias que nos abran posibilidades, que incluyan nuestros logros y realizaciones,  que nos permitan generar el futuro que queremos alcanzar.

No es extraño entonces que otorguemos a las palabras una especie de “poder mágico”,  que tengan un rol tan importante: Son ellas las que cambian cotidianamente nuestra realidad y la moldean, aunque no reparemos en ello.  Y esto es así porque cuando hablamos no sólo nos describimos a nosotros mismos y al mundo alrededor, sino que también actuamos. Nuestro hablar tiene un poder transformador: porque decimos ciertas cosas hacemos que sucedan o no sucedan. Las palabras que decimos y las que no decimos determinan nuestra realidad más próxima y nuestro modo de ser más específico. Hablando determinamos qué tipo de persona somos, cómo nos relacionamos con nuestro entorno, cómo es el mundo en que vivimos. Es por ello que al transformar nuestras conversaciones transformamos nuestra vida y nuestro entorno.
Humberto Maturana, biólogo chileno, nos dice:  “Cambiemos nuestras conversaciones y crearemos un mundo distinto”.

Lenguaje es Acción

Fernando Flores afirma: “Nada ocurre sin lenguaje: sin hablar y sin escuchar”. Pero, ¿qué entendemos por “lenguaje”? Por “lenguaje” entendemos “conversación”, específicamente “conversación para la acción”. Las conversaciones para la acción son aquellas que hacen que las cosas sucedan. Por ejemplo: Juan llama a María y le pide una reunión a fin de diseñar una propuesta de trabajo juntos. María acepta la solicitud de Juan. Esta es una conversación para la acción porque produjo dos cosas: Una acción futura –la reunión- y un compromiso para la acción futura –la promesa de María de encontrarse con Juan-.  Juan hace una petición y María hace una promesa por la que se compromete a cumplir dicho pedido. A su vez, Juan y María establecen “condiciones de satisfacción” para esa conversación, que ambos deben cumplir: encontrarse a una hora y lugar determinados -a las 9 en la oficina-. Las conversaciones para la acción comprometen a actuar. También entendemos por lenguaje las “conversaciones de posibilidad”.  A diferencia de la anterior, esta conversación produce oportunidades para comprometerse en una acción futura. En el caso de Juan y María, este será el tipo de conversación que mantendrán cuando hablen acerca de la propuesta de trabajo. Es así como nos manejamos en el mundo.  Las conversaciones abren nuevas posibilidades y concretan nuevas oportunidades.
Les pregunto: ¿cuántos de ustedes piensan que son efectivos conversando? Cuando hablo de efectividad hablo de conversaciones que produzcan los resultados deseados.  Muchas veces, concertamos encuentros y ni siquiera dedicamos un instante a pensar cómo vamos a diseñar esa conversación para alcanzar el resultado que queremos. Por ejemplo, cuando trabajamos –enseñando, asesorando, vendiendo, atendiendo clientes, dirigiendo grupos, gerenciando, organizando, diseñando, resolviendo conflictos, etc. - ¿cómo lo hacemos? Conversando. Todo lo hacemos conversando, ya sea en conversaciones públicas –cuando hablamos con otros- o en conversaciones privadas –nuestro diálogo interno-. Es conversando como nos manejamos en el mundo y es través de nuestras conversaciones que abrimos o cerramos posibilidades.
Inventar el futuro

El coach no es un maestro, ni un consejero, ni un mentor, ni un terapeuta. El coach facilita la creación de nuevos espacios para diseñar conversaciones que generen futuro. Su autoridad no descansa sobre una postura de poder asimétrica, sino sobre la confianza que le brinda el coachado. Tanto el coach como el coachado ingresan en un proceso de descubrimiento. Mediante la conversación de coaching, será el coachado quien irá estableciendo la dinámica del proceso de aprendizaje, seleccionará las interpretaciones pertinentes, elegirá los caminos a seguir y quien, en definitiva, validará lo que el coach realice. Es el coachado (o coachee) quien decide qué tipo de vida quiere diseñar para sí mismo y qué tipo de persona quiere llegar a ser, con un principio de libertad y autonomía absolutas, reglas de oro en la práctica de esta disciplina.  El rol del coach, sin dejar de ser activo, privilegia siempre este principio, promoviendo experiencias de aprendizaje que el coachado no puede realizar por sí mismo.

En la medida en que comprendemos que la expansión de nuestra capacidad efectiva depende del modo en que aprendemos, reconocemos también que el “desaprender” ciertas acciones recurrentes y “aprender” otras nuevas forma parte del proceso de creación de la persona que queremos ser. Si  aprendemos a actuar de modo diferente, aprenderemos a ser distintos. Nos inventamos a nosotros mismos, hay una gran libertad en ello. No tenemos porqué estar sujetos a modelos del pasado, ni a la historia que siempre nos contamos de nosotros mismos. Podemos decir “Basta!” a todas esas palabras que nos ligan a una imagen de nosotros mismos que se revela poco efectiva y caduca: Tenemos la capacidad de transformar nuestras conversaciones, nuestras acciones y nuestra propia manera de ser.  Y es responsabilidad del coach, cuando inicia una experiencia de coaching, permitir ese proceso. Como dice Rafael Echeverría: ”El coach es un partero de una nueva forma de ser, un facilitador del devenir”. No puede generar, sino ayudar en el parto que surge de un primer deseo embrionario y que, con el paso del tiempo, va a generar un nuevo ser. Es función del coach estar allí para colaborar y ser testigo de la primera bocanada de aire libre que reciba el nuevo ser al llegar a un nuevo mundo.



Agradezco al Dr. Rafael Echeverría, ya que sus contribuciones conceptuales sirvieron de base para el desarrollo de este artículo.



Lidia Muradep
Mayo de 2003.



¿Quién es Lidia Muradep?

Lidia Muradep, sólida profesional y docente de amplia trayectoria, es la descubridora en Argentina de la programación neurolingüística (PNL), disciplina que estudió en Holanda, Suiza e Italia y que le permitió ampliar su visión del mundo y operar cambios en sí misma.
Los conocimientos adquiridos y su pasión por la nueva disciplina la impulsaron en 1987 a fundar con Lidia Estrin la Primera Escuela Argentina de PNL, pionera en el dictado de cursos sobre el tema y con títulos avalados internacionalmente por el Southern Institute of NLP y la Society of NLP. En el año 2000 la escuela pasó a llamarse Escuela Aargneina de PNL y Coaching.
Fue su espíritu inquieto el que la llevó a participar en la fundación de la Primera Escuela Española de Programación Neurolingüística, con sede en Madrid, también junto a la “otra” Lidia (Estrin).
En 1992 organizó el Primer Congreso Internacional Bilingüe de PNL, que se realizó en Buenos Aires y en el que disertaron diez de los más importantes representantes de la disciplina.
Aunque las escuelas de PNL en Argentina y España funcionaban a pleno, Lidia no se quedó conforme y, en 1999, comenzó e formarse en Coaching Ontológico. Más tarde, asociada con Rafael Echeverría, creo el Newfield Consulting Argentina.
“Desde la Escuela Argentina de PNL y Coaching sigo sumando modelos para que la gente pueda encontrar nuevas posibilidades mediante técnicas de vanguardia para que el cambio sea posible, para acercar a otros la oportunidad de reinventar su propia vida y diseñar su futuro”, explicó Muradep a Uno Mismo.



Artículo publicado en Uno Mismo en Mayo de 2003

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